¿Aprendemos nuestros roles de género de una manera consciente o inconsciente?, no es una pregunta retórica, se la han hecho muchos teóricos sociales apoyados eso sí en propuestas feministas.
Empecemos por distinguir entre sexo biológico y género social. El primero nace con el bebé y el segundo se construye a través de la interacción con los diferentes agentes sociales: familia, escuela, Gobierno e Iglesia. Los niños y niñas van interiorizando las normas culturales, a través de refuerzos positivos o castigos. La lectura de cuentos infantiles, en los que los papeles se reparten mayoritariamente entre héroes masculinos y princesas solitarias, delicadas y sumisas a las que hay que rescatar y proteger. Los programas de televisión actúan también como refuerzo, repiten el mismo esquema en series y películas, por no hablar de la socialización de las niñas en los cánones de belleza que impone la moda, a través de lucir determinados peinados, vestidos no pensados precisamente en facilitar movimientos o sentirse cómodas, sino más bien en aparentar una imagen que guste al sexo masculino, lo que implica literalmente embutirse en tallas más pequeñas, calzar zapatos pensados más bien para la tortura de los pies, recurrir a multitud de dietas y tratamientos de belleza cuyos resultados se traducen muchas veces en frustraciones y complejos...
En contra de las teorías funcionalistas encabezadas por T. Parsons, los seres humanos no somos sujetos pasivos o receptores incondicionales de la programación de género. Este enfoque defiende una interpretación rígida de los roles sexuales, asigna al hombre un rol instrumental o productivo, responsable del sostén familiar y a la mujer un rol expresivo, encargada no solo de la reproducción de la prole sino de la tarea de socialización de los niños y desl soporte psicológico de los adultos de la familia. Actualmente estas teorías son continuamente rebatidas por lo que ha significado la constante incorporación de la mujer al mundo laboral y el surgimiento de una multi-tipología de modelos de familia en los que estos roles tienden a mezclarse o multiplicarse.
Todo cambia aunque no con la velocidad deseada o al mismo tiempo. Poco a poco van naciendo en la literatura infantil heroínas capaces de salvar a sus congéneres y en la televisión aparecen series en los que la mujer ejerce un rol instrumental sin que sea considerada una solterona o una bruja entre otros calificativos que se han utilizado para señalar la supuesta conducta desviada de una mujer que renunciara a la asignación del rol que le correspondía por naturaleza.